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Salmorejo cordobés con virutas de jamón

El salmorejo es el verano hecho cuchara. Frío, sedoso, profundo de sabor, con esa textura aterciopelada que solo el pan triturado le da. Es cordobés de origen, pero hace décadas que se come en toda España como entrante refrescante de mayo a septiembre. Y el coronamiento clásico, no negociable, son las virutas de jamón ibérico repartidas justo antes de servir.

En Guijuelo lo entendemos como una forma muy elegante de aprovechar las virutas que sobran al cortar una pieza, esos trocitos pequeños que no salen en loncha pero concentran sabor. Sobre el rojo intenso del salmorejo, las virutas de bellota dan contraste de color, de textura y de aroma. Plato sencillo de hacer y de los que mejor reciben los invitados.

Ingredientes para 4 personas

Elaboración paso a paso

  1. Hidrata el pan. Trocea el pan sin corteza en una fuente y cubre con 100 ml del peso de los tomates pelados (lo veremos en el siguiente paso). Deja remojar 10 minutos. El pan tiene que quedar empapado pero entero, no deshecho.
  2. Prepara los tomates. Haz un corte en cruz en la base de cada uno, escáldalos 30 segundos en agua hirviendo y pasa a agua fría. La piel sale sola. Trocea, retira las semillas si quieres una textura más fina (puedes dejarlas para una versión más rústica) y reserva el jugo que sueltan al cortar.
  3. Tritura todo junto. En una batidora de vaso o vaso americano potente, añade los tomates pelados con su jugo, el pan hidratado, el ajo, la sal y el vinagre. Tritura un minuto a velocidad alta hasta que quede una crema homogénea.
  4. Emulsiona con el aceite. Con la batidora en marcha a velocidad media, añade el aceite de oliva en hilo continuo y fino. Este paso es clave: es lo que da al salmorejo su textura sedosa y su color naranja-rosado característico (un salmorejo bien hecho no es rojo tomate, es naranja salmón). Tritura otros 30-40 segundos más hasta integrar.
  5. Cuela si quieres un acabado más fino, pasando por un colador de malla fina o un chino. Es opcional: si tu batidora es potente, puede no hacer falta.
  6. Rectifica de sal y vinagre con cuidado. Mejor quedarse corto que pasarse.
  7. Refrigera al menos 1 hora, idealmente 2-3 horas. El salmorejo gana muchísimo con el reposo en frío: los sabores se asientan y la textura se vuelve más densa. Servir tibio es un error grave.
  8. Prepara los huevos duros: cuece 10 minutos desde agua fría, pasa a agua con hielo, pela y pica fino.
  9. Sirve en cuencos hondos individuales, bien frío. Coloca encima un montoncito de virutas de jamón ibérico, espolvorea con el huevo duro picado y termina con un chorrito generoso de aceite de oliva virgen extra crudo en espiral.

Sirve inmediatamente, con pan tostado al lado si quieres.

Maridaje sugerido

El salmorejo, frío y untuoso, pide vinos con frescor y mineralidad. Un fino o manzanilla bien frío es maridaje de manual: comparte el origen andaluz, equilibra la grasa del aceite y resalta el salino de las virutas de jamón. Si prefieres un blanco con más cuerpo, un verdejo de Rueda o un godello del Bierzo funcionan muy bien.

Para los que prefieren tinto, mejor algo ligero y servido fresco: un mencía joven sobre los 14 grados. Evita tintos potentes con barrica: tapan el plato. Cerveza, una lager bien fría es opción de comida informal de verano.

Producto Hernández Jiménez recomendado

Para el remate de esta receta queremos jamón que aporte sabor concentrado y vetas de grasa visible que contrasten con el rojo del salmorejo. Cualquiera de nuestras piezas de bellota va perfecta: el jamón de bellota pata negra DOP Guijuelo es la opción más alta, y el jamón de bellota 75% raza ibérica DOP Guijuelo la opción más equilibrada en relación calidad-precio para este uso.

Si tienes pieza entera en casa, este es exactamente el tipo de receta para la que las virutas y recortes pequeños del corte son perfectos: pícalos algo más pequeños de lo que pondrías en una tabla y úsalos sobre el salmorejo.

Trucos de casa